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viernes, 20 de mayo de 2011

La certificación de huella de Carbono llega al vino madrileño

La certificación de huella de Carbono llega al vino madrileño


19-05-2011 / 13:32 h

Madrid, 19 may (EFE).- Una botella de vino madrileño genera hasta 1,6 kilogramos de CO2, según los datos de la primera certificación de emisiones realizada sobre una empresa vitivinícola de la Comunidad de Madrid.

Bajo la supervisión de la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR), el Consejo Regulador de la D.O. Vinos de Madrid y la administración autonómica pusieron en marcha esta iniciativa que pretende aportar valor medioambiental al producto e información para que el consumidor pueda valorar estos criterios.

Para la medición de la huella de carbono se ha tenido en cuenta todo el proceso productivo desde la siembra a la distribución del vino embotellado.

El estudio ha estimado en 1,6 kilogramos de dióxido de Carbono el impacto de cada botella de uno de los vinos de Gonsálbez-Orti, la bodega que fue seleccionada, mediante un sorteo, por el Consejo Regulador de la D.O. Vinos de Madrid.

Esta información, recabada por la consultora especializada en eficiencia energética y proyectos de emisiones de carbono Creara, aporta valor medioambiental al producto y permite elegir con criterio al consumidor consciente, ha señalado a Efeverde su director, Rodrigo Morell.

"La sostenibilidad se está considerando el segundo criterio de compra tras el precio", según Morell, quien considera que el consumidor está cada vez "más preparado" para elegir entre un vino u otro en función de la huella de Carbono.

El director de desarrollo de AENOR, José Luis Tejera, ha añadido durante la presentación del vino certificado, el Qubél Revelación 2009, que la información sobre la huella de Carbono es además un instrumento que facilita la venta en el extranjero.

La certificación de huella de Carbono tiene una gran difusión en Asia y que en países europeos como Francia "hay una ley que la está exigiendo para los productos de consumo", ha precisado.

Sobre el mercado español, "la Oficina de Cambio Climático está trabajando en un decreto que, en el futuro, valorará a aquellos productos que señalen su huella de Carbono", ha añadido.

Estrella Orti, copropietaria de las bodegas, ha explicado que tras conocer los datos de la huella de carbono han adoptado medidas de mitigación, entre ellas la plantación de 2.000 arboles autóctonos. EFE acf/aic/fv (vídeo) CARBONO-VINO La certificación de huella de Carbono llega al vino madrileño Madrid, 18 may (EFE).- 1,6 kilogramos de Dióxido de Carbono es la huella de emisiones por cada botella de uno de los vinos de las bodegas Gosálbez-Orti, que se ha convertido en la primera vinícola madrileña con certificado de las emisiones de uno de sus caldos.

La cantidad de emisiones de este gas, causante del efecto invernadero, ha sido certificada por AENOR tras un estudio de la consultora Creara.

El director de Creara, Rodrigo Morell, ha hablado durante el acto de entrega del certificado de la necesidad de que "sean las empresas las que informen de su huella de Carbono".

Ha recalcado que, de este modo, se posibilita que "sea el consumidor, con sus decisiones de compra, el que favorezca a unos productos frente a otros".

"La sostenibilidad se está considerando el segundo criterio de compra tras el precio, por lo que a la pregunta de si está preparado el consumidor para tomar esta decisión en función de la huella de Carbono, la respuesta es sí y cada vez más" ha declarado.

Por su parte, el director de desarrollo de AENOR, José Luis Tejera ha añadido que la certificación de la huella de Carbono consiste, ademas, "en una forma para que las empresas españolas no encuentren trabas en el extranjero".

En este sentido, ha declarado que esta la certificación de huella de Carbono está teniendo una gran difusión en Asia y que, en países europeos como Francia, "hay una ley que la está exigiendo para los productos de consumo".

En lo relativo al mercado español, "la Oficina de Cambio Climático está trabajando en un decreto que, en el futuro, valorará a aquellos productos que tengan la huella de Carbono", ha declarado.

Para Tejera, el certificado constituye "una herramienta de mitigación de cambio climático" cuya función no es sólo indicar la cantidad de CO2 que emite un producto, sino que a partir de ese calculo, se comienzan a hacer los programas de reducción".

Así lo han hecho, en palabras de la co-propietaria de bodegas Gosálbez-Orti, Estrella Orti tras conocer la huella de carbono del vino que producen, al plantar "2.000 arboles autóctonos en nuestros viñedos para mitigar el cambio climático", entre otras medidas. EFE acf EMISIONES CO2-VINO La certificación de huella de Carbono llega al vino madrileño Madrid, 18 may (EFE).-

Las bodegas Gosálbez-Orti han registrado la cantidad de emisiones de dióxido de carbono que generan con la elaboración y distribución de uno de sus caldos y la han repartido proporcionalmente al producto enbotellado, bajo la supervisión de la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR).

Esta información, recabada por una consultora especializada en eficiencia energética y proyectos de emisiones de carbono, aporta valor medioambiental al producto y permite elegir con criterio al consumidor consciente, señaló a Efe Rodrigo Morell, director de la empresa, conocida como CREARA.

"La sostenibilidad se está considerando el segundo criterio de compra tras el precio, por lo que a la pregunta de si está preparado el consumidor para tomar esta decisión en función de la huella de Carbono, la respuesta es sí y cada vez más", declaró Morell.

El director de desarrollo de AENOR, José Luis Tejera, añadió, durante la presentación del vino certificado, el Qubél Revelación 2009, que la información sobre la huella de Carbono es además un instrumento que facilita la venta en el extranjero.

La certificación de huella de Carbono tiene una gran difusión en Asia y que en países europeos como Francia "hay una ley que la está exigiendo para los productos de consumo", precisó.

Sobre el mercado español, "la Oficina de Cambio Climático está trabajando en un decreto que, en el futuro, valorará a aquellos productos que señalen su huella de Carbono", añadió el experto El certificado, apuntó Tejera, constituye "una herramienta de mitigación de cambio climático", cuya función no es sólo indicar la cantidad de CO2 que emite un producto, sino sentar las bases para establecer, a partir del cálculo, "programas de reducción".

Estrella Orti, copropietaria de las bodegas, anunció durante la ceremonia que tras conocer la huella de carbono del vino que producen, se ha decidido, entre otras medidas, plantar 2.000 arboles autóctonos en los viñedos de su propiedad para mitigar el cambio climático provocados por los emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO2. EFE acf/aic

Orígen información: ABC

domingo, 21 de septiembre de 2008

Bodegas y Viñedos Gosálbez Orti


Bodegas y Viñedos Gosálbez Orti

Carlos Gosálbez: Pasión por la elaboración natural.
Una bodega de carácter muy personal basada en la agricultura ecológica.

Una pasión, el vino; una filosofía: la agricultura ecológica Y un concepto: la bodega personal, de dimensiones reducidas. El resultado es un vino cuyo carácter lo marca la tierra, la uva y su desarrollo natural.Primeros días de la década de los 90; Carlos Gosálbez llega a una de las encrucijadas existenciales que todo ser humano suele encontrarse en el discurrir de la vida. Con los hijos ya mayores, y próxima la jubilación, decide, en la medida de sus posibilidades, poner en práctica unos principios coherentes con su idea de sostenibilidad y de amor y respeto hacia la tierra. Su primera acción es comprar una terreno en Camporeal, provincia de Madrid, y empezar a replantarlo con toda clase de árboles (pinos, nogales, madroños, encinas...). En total 2000 plantas. Pero sigue teniendo terreno por reforestar, y un amigo local, le hace la siguiente sugerencia:<<>>. Así comienza la relación de Carlos Gosálbez con la uva. Una relación que empezó con el único animo de reforestar, no de hacer vino. En la plantación eligieron los mejores porta-injertos, los mejores cuidados y los mejores patrones. En los primeros años de cosecha vendían la uva; “Pero veíamos que la uva que vendíamos se pagaba igual que la uva de la producción extensiva, y el trato también era el mismo. Lo mismo se trataba una uva que venía toda aplastada, después de estar todo un día al sol, que la uva que llevábamos nosotros, en cajas, de una producción cuidada y reducida. Llegó un momento que tras repetidos años de vender la uva de esta forma y ver que estábamos perdiendo dinero recolectando la uva, se me ocurrió la idea de vinificar en la bodega de mi amigo, con tinajas de barro”. El resultado fue más que aceptable, por lo que Carlos decidió emprender la aventura de crear su propia bodega. Por aquel entonces, Estrella, la otra mitad de Bodegas y Viñedos Gosálbez Orti, se encontraba en plena actividad laboral, pero no dudó ni un instante en lanzarse al vacío con Carlos. “Hubo un hecho, un viaje, que nos marcó, porque la verdad es que no hicimos ningún estudio de mercado, y si lo llegamos a hacer, viendo los grandes grupos que se mueven en el vino nacional, no sé si hubiéramos empezado. Pero como te digo, estuvimos un verano por la Toscana italiana, y vimos como allí vivían tan ricamente bodegas, incluso más pequeñas que la nuestra, así que cada día que pasaba nos ilusionábamos más”. FUNDAMENTOS DE AGRICULTURA ECOLÓGICA.En el 99 empiezan a construir la bodega, en un solar donde antes hubo una granja de conejos, y en el 2000 inauguran las instalaciones. La misma filosofía que había llevado a esta pareja a reforestar sus terrenos, a principios de los noventa, les llevó, en los primeros días del siglo XXI, a cultivar sus viñas bajo la denominación de agricultura ecológica; una ideología, pero también, páginas y páginas de legislación. “La agricultura ecológica es reinventar lo inventado, es volver a lo que ya utilizaban nuestros tatarabuelos. No utilizamos pesticidas, no utilizamos insecticidas y no utilizamos abonos minerales de producto de síntesis. Por lo tanto, para prevenir las plantas de posibles enfermedades empleamos azufre en polvo, y caldo bordolés, dos sustancias de contacto que no dejan residuos. Como abono usamos residuos animales, ya compostados, para que no tengan semillas activas. Y contra las malas hierbas, como no usamos herbicidas, usamos la acción mecánica de arrancarlas, unas veces con brazos articulados y máquinas, y otras muchas directamente con el azadón”. Legislación ecológica que también marca ciertas premisas a la hora de elaborar el vino y de usar conservantes; el único que se puede utilizar en este tipo de agricultura es el anhídrido sulfuro, "y con muchas limitaciones; mientras la industria del vino puede emplear, por litro de vino, hasta 170 mg, en agricultura ecológica se limita el uso de sulfuroso a 70 mg/l. Nosotros empleamos sólo 40 mg/l, gracias a combinar, de manera muy precisa, el ph de la acidez y el sulfuroso". LA BODEGA COMO ESPACIO PERSONAL.Una pasión, el vino; una filosofía: la agricultura ecológica Y un concepto: la bodega personal, de dimensiones reducidas. El resultado es un vino cuyo carácter lo marca la tierra, la uva y su desarrollo natural de cada cosecha. "El producir sin un rigor comercial, sin tener vendido el producto antes de elaborarlo, implica una cierta capacidad de improvisación por parte del elaborador de vino. Esto tiene su riesgo, y es que dependes totalmente de las inclemencias del tiempo, por lo que las lluvias no son iguales todos los años, ni la incidencia del sol, ni la maduración de las uvas o sus retrasos; nosotros dirigimos nuestros vinos a la crianza y a la reserva, y hay unos patrones de maduración que marcan el momento de recolección, que no varían, ya que buscamos los puntos óptimos de polifenoles en la uva, pero a partir de ahí, es la madre naturaleza la que marca el vino de cada añada". A partir de la recolección, la labor de Carlos Gosálbez es transformar en vino lo que la tierra ha dado a la uva. EL VINO ES LO QUE LA TIERRA DA.El resultado son unos vinos que llevan impregnados los avatares climatológicos en sus moléculas, porque la labor del elaborador es mimar la uva hasta que fermente y se convierta en vino, pero nunca cambiar las características de lo que la naturaleza dio. Personal en la elaboración del vino, y también en el mimo que Carlos le da a cada una de las botellas de su vino. Con un espacio para poder almacenar 35000 litros, en estos momentos tienen una producción de 18000, una cantidad que puede resultar insignificante para grandes grupos bodegueros, pero que para Carlos Gosálbez son el resultado de su plena dedicación a cada una de las botellas. "El hecho de ir creciendo significa que podríamos sobrepasar los límites de nuestra atención. Iremos creciendo, pero en el momento que veamos que sobrepasa el alcance de nuestras manos, ahí pararemos. Daremos salida a nuestra explotación para otros fines, como por ejemplo el enoturismo y nuestra enóteca, que es una parte económica muy importante en nuestra empresa, pero nosotros queremos seguir siendo elaboradores, y la palabra fabricar está muy lejos de nuestro pensamiento, por más que en algunos momentos ha habido ofertas económicas, no es nuestro objetivo, no vamos por esa línea". Y un dato revelador, del nivel de exigencia y calidad de esta bodega familiar, es el hecho que esta última cosecha no han vinificado debido a que la uva no cumplía los mínimos de calidad que Carlos busca en ella para elaborar un vino del que sentirse plenamente satisfecho; "hemos marcado un nivel de calidad y es el que queremos mantener. Si la naturaleza, por decirlo así, ha bajado su nivel de calidad, por circunstancias atmosféricas, y nos ha dado algo que no llega a nuestro nivel, preferimos no vinificar a que el producto tenga una bajada de calidad. Por qué hay algo indiscutible: si la uva no es de calidad, en la bodega no se puede hacer nada por mejorarla. La bodega, puede, equiparar la calidad que ha producido el campo, pero nunca sobrepasarla". La pasión por la naturaleza llevó a Carlos Gosálbez, y a Estrella Orti, ha enamorarse del vino y su elaboración. Un vino que miman en una pequeña bodega en Pozuelo del Rey. Un vino que busca la diversidad del campo madrileño, de su insolación estival, de sus heladas invernales, y de su imprevisible primavera. Un vino que juega con la base del tempranillo, y que gana complejidad con otra uvas, como son la cabernet sauvignon, la syrah y en un futuro cercano también merlot. Complejidad y calidad fruto de la pasión por una ilusión hecha realidad.
Autor: Orlando Lumbreras y Mila Gavilanes
Orígen información: Viajeros del vino