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martes, 28 de febrero de 2017

La apertura comercial de las últimas décadas está en crisis. Pero la contracción empezó hace años. Y puede ser irreversible .... Comment of / Comentario de Wines Inform Assessors

La desglobalización tiene luz verde

La apertura comercial de las últimas décadas está en crisis. Pero la contracción empezó hace años. Y puede ser irreversible
Las economías más ricas ponen freno al comercio con políticas restrictivas (Tim Rue / Bloomberg)
Piergiorgio M. Sandri, Barcelona


“Haga usted mismo el experimento. Entre en un buscador y teclee “guerra comercial”. Verá cómo el número de páginas no ha parado de aumentar en las últimas semanas”, sugiere, desde EE.UU, el profesor del Iese Pankaj Gehmawat, experto en globalización.


En efecto, todo apunta a que la liberalización de los intercambios que ha caracterizado las últimas tres décadas se encuentra en un punto de inflexión. Algunos académicos ya creen que se ha alcanzado el trade peak, el pico del comercio (en analogía con lo que se suele decir de la producción de petróleo). El mundo habría alcanzado su máximo grado de apertura. Y a partir de ahora empezaría a encoger.


Un análisis más atento de los datos revela que la llamada desglobalización no ha empezado con los decretos proteccionistas de Donald Trump, sino por lo menos desde el último lustro.


Según el Banco Mundial, en los años sesenta el comercio representaba, de promedio, el 12% del PIB global. En 2008 este porcentaje llegó casi al 30%. Tras la crisis económica, la globalización comercial ha puesto la marcha atrás. Hoy la cuota ha bajado a poco más del 20%.


El Fondo Monetario Internacional ha calculado una progresión muy significativa: entre 1985 y 1996, los aranceles globales caían a un ritmo del 1% anual. La década siguiente, el ritmo bajó a la mitad. Desde 2008, prácticamente hay un parón.


El mismo destino están sufriendo los tratados de libre comercio: en los años noventa se firmaban unos 30 cada año. Desde 2011 con suerte se llega a la decena. Esto explica el paulatino declive de los intercambios comerciales. Desde 1990 el comercio crecía, de media, el doble que el PIB. Ahora ya no es así. El 2016, con un repunte raquítico del 1,7%, fue el peor año del comercio internacional desde 2007 y por primera vez en 15 años creció menos que la economía global.


Las medidas proteccionistas aumentan y tienen mucho que ver en este proceso. Y mucho antes de que los decretos de Donald Trump de esta semana ocuparan las portadas de los medios. Los países del G20 desde el 2009 introducen cada mes en promedio casi veinte normas que distorsionan el libre comercio. Desde el estallido de la Gran Recesión (cuando Obama ya ocupaba la presidencia en la Casa Blanca), EE.UU. ha confeccionado más de 600 normas proteccionistas del comercio. Dos países emergentes, como Rusia e India, le siguen en el ranking. La reversión de la globalización no sólo se está gestando los países ricos.


Otra señal indicativa de esta contracción global es la que se refiere al volumen de negociación diario de los mercados cambiarios: está en declive desde el 2013, según el Banco de Pagos Internacional. Si se ­suman todos los flujos financieros, incluyendo la inversión extranjera directa, los volúmenes transfronterizos de divisas del 2015 fueron la mitad de lo registrado en el 2007, según la consultora McKinsey.


“En mi libro Mundo 3.0, que se publicó en el 2011 (Deusto), ya advertí que el mundo no era tan plano y ni tan globalizado como la gente creía”, señala Ghemawat. Su punto de partida es que tampoco el proceso de interconexión global se había completado antes. Se había quedado a medio camino. Ahora se convertirá en algo diferente. Un mundo en el que importarán tanto las fronteras, como las distancias. “Las empresas destinarán más atención a los movimiento locales”, sostiene. “Para mí era evidente que desde el punto de vista político, lo que estaba ocurriendo no era sostenible. Por primera vez hay que admitir que la globalización va camino de sufrir una reversión significativa”.


La paradoja es que la era de la globalización, en los grandes números, resulta positiva. Se han reducido las desigualdades entre el Norte y el Sur y entre Oriente y Occidente. Desde 1990 el PIB mundial se ha triplicado. Y los consumidores (que no perdieron el empleo) se han podido beneficiar de la caída de precios de los productos y de una mejora de la calidad debido al aumento de la competencia.


Pero, al mismo tiempo, la economía ha empeorado en el seno de cada nación desarrollada, con el empobrecimiento de la clase media. Por ejemplo, el economista Max Roser ha demostrado que desde 2008 los ingresos reales de los hogares han caído en EE.UU., en el Reino Unido y no han vuelto a subir. Es lo que ha llevado un estudio de McKinsey a alertar de que por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, en los países más ricos los hijos vivirán peor que sus padres.


¿La culpa es del libre comercio? Por ejemplo, se le acusa a la globalización de haber causado un desplazamiento de los empleos hacia los países de bajo coste. “No es que el mundo esté robando puestos de trabajo a los EE.UU., sino que la administración no supo distribuir la riqueza de forma adecuada”, dijo Jack Ma, el máximo ejecutivo de Ali Baba. De hecho, el Center for Business and Economic Research de la Ball State University concluyó el año pasado que el comercio fue el responsable de la pérdida de menos del 13% de los empleos en fábricas de Estados Unidos (desde 1979) . La gran mayoría de las plazas desaparecidas, casi el 88%, fueron víctimas de la automatización.


Stephane Girod es profesor de Negocios Internacionales en el IMD de Suiza y experto en globalización. “En este proceso de liberalización, aunque a nivel agregado el resultado es positivo, hay grupos de perdedores”, reconoce. ¿Quienes? Para Girod, son las víctimas de la automatización. Según el prestigioso economista del MIT, Daron Acemoglu: “No puedes pensar en hacer volver los empleos de la clase media. Muchos de los que se fueron volverán en forma de robot, en lugar de en personas”.


De ahí que muchos se interrogan si poner barreras, muros y aranceles es una buena respuesta. “Trump cree que con el proteccionismo va a proteger a los trabajadores norteamericanos. Está equivocado”, dijo Dany Bahar, del Brookings Institute.


“Dudo de que el proteccionismo sea la respuesta adecuada, –coincide Girod–. Hay sectores que sí es preciso proteger. Uno es la agricultura, por motivos ambientales. Y el otro, la industria cultural, porque hay también un factor social que considerar. La globalización ha afectado a la identidad de las personas. De ahí que se produzca el rechazo a la inmigración. Fuera de estos ámbitos, los gobiernos deberían más bien preocuparse de formar a las personas ante la cuarta revolución industrial que se avecina”.


Comment of / Comentario de Wines Inform Assessors:

That the distances, the tariff barriers, the specific properties of the merchandise to be exported and the cultural barriers is evident that have always been a driver of international trade.


To think that the foreign market can save companies is not a positive attitude, as a principle of action, except in cases where the characteristics of the product or the knowledge applied to it supposes the existence of an effective and profitable demand in foreign markets -.


This has been realized by wineries that are selling 90% of their production abroad and now try to increase its national market and still more its local market - that by distance and culture is more relevant to them and which has been abandoned


A specific reflection on this in 2013 can be consulted at Local market - National market - Global market

Que las distancias, las barreras arancelarias, las propiedades específicas de la mercadería a exportar y las barreras culturales es evidente que siempre han sido un condcionante del comercio internacional.


Pensar que el mercado exterior puede salvar a las empresas no es una actitud positiva , como principio de acción, excepto en casos en que por las características del producto o del conocimiento aplicado a éste suponga la exitencia de una demanda efectiva y rentable en los mercados exteriores-.


De ello se han dado cuenta bodegas que estan vendiendo el 90% de su producción en el exterior y ahora intentan aumentar su mercado nacional y aún más su mercado local -aquel que por distancias y cultura les es más relevante- y al que tenían abandonado


Una reflexión puntual al respecto en 2013 en la entrada Mercado local - Mercado nacional - Mercado global


Orígen información: La Vanguardia

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