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lunes, 10 de abril de 2017

Guardianes del sabor del champán. El grupo Oller, con 125 años de historia, crece gracias a su fuerte especialización en corchos para vinos espumosos


Guardianes del sabor del champán. El grupo Oller, con 125 años de historia, crece gracias a su fuerte especialización en corchos para vinos espumosos
Joan Puig y Jaume Nad, director general y presidente de Oller


Josep Catà Figuls 


El oficio de extraer corcho de los alcornoques, lo que se conoce como “la saca”, es lento y artesanal, y tiene como elementos esenciales la paciencia y la artesanía propias del mundo rural, virtudes que el sector del corcho español ha sabido combinar con la innovación. Por detrás de Portugal, España es el segundo promotor mundial de este material, con 150 empresas que facturan cerca de 350 millones de euros y que radican principalmente en Cataluña, Andalucía y Extremadura. Una de estas compañías, el Grupo Oller, cumple 125 años con unas cifras de crecimiento que la sitúan en un momento de expansión gracias a su especialización: Oller solo fabrica tapones para botellas de cava, champán y vinos espumosos, una rama del negocio que no tiene la competencia de los tapones de plástico que hay en algunas botellas de vino.


“Le tenemos mucho aprecio al corcho, nuestro material, a nuestros trabajadores y, sobre todo, al alcornoque”, cuenta el presidente de Grupo Oller, Jaume Nadal, en la presentación de los datos de crecimiento de la empresa. La estima por el Quercus suber es evidente en la decoración de la bodega del barrio barcelonés de El Born en el que Nadal, junto a Joan Puig, su director general, detalla los resultados de la compañía.


Entre tapones de distintas formas y cortezas sin tratar a modo de centros de mesa, Nadal explica cómo entró en una empresa familiar que fundó su bisabuelo en 1892 y que en la actualidad factura 25,7 millones de euros y vende 240 millones de tapones en todo el mundo (el 70% de sus ventas son exportaciones, especialmente a Francia, Italia, Alemania y Estados Unidos).


El Grupo Oller, con una plantilla de 140 trabajadores, está creciendo a un ritmo del 5% anual y se divide en cinco centros productivos: la sede en Cassà de la Selva (Girona); la empresa Surodis, en San Vicente de Alcántara (Extremadura); Oller GmbH, en Fussgoenheim (Alemania); el Trust, también en Cassà, y la empresa que abrió el patriarca, Francisco Oller, en Reims (Francia) en el siglo XIX para aprovechar el mercado francés del champán y los espumosos. Francia sigue siendo el principal cliente de Oller, que desde hace cuatro generaciones se ha ido haciendo imprescindible entre los vinos espumosos franceses, algo que no ha variado mucho con la recesión económica: el Grupo Oller copa el 12% de la cuota de mercado mundial de estos tapones, un comercio que se estima en 2.000 millones de botellas.


España es el segundo promotor mundial de este material, con 150 empresas que facturan cerca de 350 millones de euros
Previsiones optimistas


“Notamos la crisis muy pronto, en 2008, lo que nos dio tiempo a reestructurar el negocio y a prepararnos”, explica el director general de la compañía. Las previsiones para el ejercicio de 2017 son muy optimistas: Puig asegura que la empresa crecerá otro 5,6% y que llegará a los 33 millones de euros en facturación, aumentando la cifra de récord de su serie histórica.


Esta previsión al alza se basa en otra de las prácticas que ha venido haciendo el sector del corcho en los últimos años, y en especial Oller: no olvidarse de la inversión y de la innovación. En el conjunto de España, el sector ha invertido 42 millones en I+D en los últimos tres años, y el Grupo Oller lo ha hecho con más de 10 millones desde 2006. La última adquisición del grupo gerundense es una pequeña compañía, Uprodeco, que se dedicaba a triturar el corcho que se desecha, y que tiene una gran rentabilidad. Con esta compra, Puig está convencido de que podrán aprovechar buena parte de las 85.000 hectáreas de alcornoques catalanes.


Los ejemplares de Cataluña, al habitar en bosques muy densos, no tienen un corcho de tanta calidad como la de los alcornoques extremeños. No obstante, pueden ser rentables para hacer corcho triturado, que se usa para muchos materiales, y también para una parte de los tapones de cava y champán. De esta manera, al sanear los bosques catalanes, Oller también estará ayudando en la prevención de incendios y en la preservación del medio ambiente.


Proceso completo


La obsesión del Grupo Oller, según Nadal, ha sido siempre estar presentes en todo el proceso del corcho desde que se extrae hasta que se convierte en el tapón. Así, aunque desde 2013 la gran parte del accionariado es propiedad del grupo portugués Amorim (la familia de Nadal conserva un 15% de las acciones), todavía se sienten muy apegados a la tierra y presumen de mucha autonomía.


La empresa está en contacto con los propietarios de los bosques, a los que compra directamente el material y con los que negocia para poder explotar sus alcornoques. Entre los árboles extremeños, andaluces y catalanes, Oller trabaja cada año con 140.000 alcornoques, y en 2016 compraron a los propietarios agrícolas un total de 1.800.000 kilos de corcho.


El proceso sigue en la fábrica, donde el corcho se convierte en discos que se pegan con el conglomerado de corcho triturado y crean el tapón. Este sigue unos exigentes procesos de calidad en los laboratorios de la empresa, supervisados por personal cualificado, para satisfacer a sus 530 clientes. De la fábrica sale el tapón perfectamente cilíndrico: será el gas del cava o el champán el que le dé la forma de seta a la que nos tiene acostumbrados


Origen información: El País

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