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martes, 3 de abril de 2018

Argentina: En medio de la crisis del sector, se venden más bodegas de Mendoza


En medio de la crisis del sector, se venden más bodegas de Mendoza 



En el último año, varias bodegas en el Valle de Uco, como O. Fournier, Finca Blousson o Colle Di Boasi cambiaron de dueños. La conocida Finca La Anita también sufrió un traspaso
En medio de la crisis del sector, se venden más bodegas de Mendoza
La vitivinicultura no es una industria sencilla. Requiere años desde la inversión inicial para que las viñas entren en producción y un gran capital inmovilizado, mientras los vinos descansan en barricas, si son de alta gama. Se requiere una espalda financiera importante y tampoco es sencillo llegar a los puntos de venta, ni en el mercado local ni en el exterior.
En un contexto de caída del consumo, como consecuencia de los altos precios del vino, tras dos cosechas escasas, y del estancamiento de las exportaciones, son varias las bodegas que están a la venta. Sobre todo, se trata de proyectos muy enfocados en alta gama.
En los últimos días, se concretó la venta de O. Fournier, una empresa del español José Manuel Ortega Gil Fournier. Tras más de un año de negociación con siete empresas diferentes, la bodega de llamativa arquitectura, ubicada en La Consulta, en el Valle de Uco, junto a la finca de 263 hectáreas de viñedos, fue vendida a otra empresa mendocina, Finca Agostino, de Barrancas, Maipú, por un importe que no trascendió. Los nuevos dueños son hermanos que se criaron en Mendoza pero residen en Canadá.
Finca Agostino ya utilizaba la planta de O. Fournier para elaborar sus vinos. Según informaron, mantendrán sus marcas de alta gama y su nombre y reflotaron su restaurante, varias veces premiado cuando era gestionado por la chef Nadia Harón, ex mujer del empresario español.
Ortega Gil Fournier había comenzado a invertir en la Argentina en 2001, cuando aún era responsable de las inversiones no bancarias del Banco Santander en la región, cargo que dejó en 2004 para dedicarse de lleno a su bodega. Adujo razones familiares para la venta, pero también admitió que el contexto pesó. "Con el proceso de concentración, las bodegas van a tener que ser muy grandes o muy "boutique". Es muy difícil desarrollarse solo por los costos, con una estructura como la de O. Fournier", dijo a medios mendocinos.
Pero no es la única. Poco tiempo atrás, un grupo irlandés, encabezado por el empresario Patrick McKillen, compró la también mendocina Finca Blousson, de Vista Flores, en Valle de Uco.
Además, y como informó El Cronista el jueves, también Bodegas Bianchi, de San Rafael, cerró la venta en los últimos meses de la bodega Colle Di Boasi, de Vista Flores, junto a una finca de 170 ha, de las cuales 40 están plantadas, para enfocarla en la elaboración de sus marcas de alta gama. La rebautizó Enzo Bianchi, como su vino ícono.
La bodega y finca pertenecían a Silvio Benvenuto, uno de los ex dueños de La Campagnola, que tras la venta de la firma alimenticia se dedicó a los vinos.
En 2017, en tanto, el grupo suizo Origin Wine Global Distribution, con bodegas en Sudáfrica, Suiza y Mendoza, compró a la mendocina Finca La Anita, conocida por ser una de las primeras bodegas boutique del país. Había sido creada en 1992 por Manuel Mas, en Agrelo, Luján de Cuyo.
Los nuevos dueños ya controlaban otra bodega en la provincia, Mendoza Vineyards. Apuntan a ampliar la presencia de La Anita en el exterior, ya que vende el 90% en la Argentina.



Comment of / Comentario de Wines Inform Assessors:


A winery can do much to improve its profitability by changing its business and marketing philosophy.
Collaborate closely with the points of sale - which are not only the distributors but the stores / points of sale - and always think about who finally buys, the consumer, can turn a company to positive.

Wines Inform Assessors
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Una bodega puede hacer mucho para mejorar su rentabilidad cambiando su filosofía empresarial y de marketing.
Colaborar de manera estrecha con los puntos de venta -que no sólo son los distribuidores si no las tiendas/puntos de venta- y pensar siempre en quien al final compra, el consumidor, puede darle la vuelta en positivo a una empresa.

 Wines Inform Assessors
Origen información: El Cronista



martes, 14 de abril de 2009

Cambió la Banca por los vinos: «Cumplí mi sueño»

Cambió la Banca por los vinos: «Cumplí mi sueño»

ORTEGA GIL FOURNIER_PRESIDENTE DE BODEGAS Y VIÑEDOS O. FOURNIER

José Manuel Ortega, en una de sus bodegas en Argentina
Apuesta de riesgo
Se especializó en mercados de inversión. Trabajó en Goldman Sachs y en el Banco Santander.Cambió un sueldo de 400.000 euros por unos ingresos de 50.000 euros al año. Arriesgó su dinero, su patrimonio y parte de los ahorros familiares.Construyó su primera bodega en plena crisis del «corralito» en Argentina, en 2002.Hoy cuenta con bodegas en Argentina, Chile y España. Y es propietario de 435 hectáreas de viñedos, de los cuales 160 son de viñedos con más de sesenta años de antigüedad.
CARMEN DE CARLOS
Actualizado Martes, 14-04-09 a las 09:54
El puente de la Inmaculada de 1999 José Manuel Ortega Gil Fournier subía a un avión de Iberia con destino a Buenos Aires. El billete, «pagado con puntos», ya forma parte del origen de la historia de este productor de vinos de cuarenta años que un día fue un prometedor banquero. Hoy, desde la provincia argentina de Mendoza, donde se levanta la más monumental de sus tres bodegas, este empresario hace repaso de una década durante la cual pasó de soltero a casado, de contar billetes en el ordenador a ordenar sus finanzas y de beberse el vino ajeno a fabricar el propio en Argentina, España y Chile.
«Somos un caso único. No existe un proyecto emprendedor similar en ninguna parte del mundo. Tener tres bodegas en tres países es algo extraordinario y lo hemos hecho españoles. Nos da un poco de vergüenza decirlo pero tenemos que estar orgullosos», aclara antes de celebrar: «Los sueños se dan de noche. Poca gente consigue hacerlos realidad de día. Yo soy uno de ellos».
Presidente del grupo de Bodegas y Viñedos O. Fournier, este joven empresario cambió «un sueldo de cuatrocientos mil euros de entonces por unos ingresos de cincuenta mil al año. No me veía a los sesenta trabajando en la banca, y tengo claro que se vive sólo una vez», reflexiona.
Amor al riesgo
Nació en Burgos, estudió y vivió a caballo entre España y Estados Unidos. Se especializó en mercados de inversión, estuvo en Goldman Sachs y de ahí fichó para el Banco de Santander. Tenía lo que para muchos puede ser la vida resuelta pero, «inquieto por naturaleza», arriesgó su dinero, la totalidad del patrimonio y parte de los ahorros familiares: «Convencer a mi padre no fue fácil», recuerda. En la negociación tuvo que ceder y colocar el apellido paterno en una de las bodegas, «de no hacerlo no habría logrado que me ayudara en la financiación», asegura.
Desde entonces, «muchos sacrificios, estrecheces y un sin fin de viajes por medio mundo para vender el producto» han marcado su vida. Ahora, con varios socios más, «dos hipotecas y tres créditos pendientes somos propietarios de cuatrocientas treinta y cinco hectáreas. De éstas, unas ciento sesenta son viñedos de más de sesenta años de antigüedad», explica para que quede claro que la buena uva tiene su historia.
Arriesgado, con la «audacia que me daba la juventud y todavía no haber formado una familia», a José Manuel no le echó para atrás meterse entre cepas ajenas, «no sabía una palabra del tema pero con la ayuda de mi hermana Natalia y de mi cuñado José Luis pudimos salir adelante», confiesa.
En el anticipo de la crisis
Lo hizo en uno de los momentos aparentemente menos propicio, cuando Argentina sufría una auténtica resaca financiera, social y cultural: una crisis anticipada a la que vive hoy el mundo. En ese escenario, en tiempos de temblores económicos, comenzó a construir, «en marzo del año 2002 la primera bodega que, si no me falla la información, sigue siendo la más moderna del mundo. Estábamos en la época del corralito, los bancos habían suprimido los créditos y el país se caía a pedazos, pero lo logramos», celebra.
Eligió la zona vitivinícola más próspera del país, la provincia de Mendoza, «una isla en Argentina», asegura después de aclarar: «No tuve que pagar una coima (soborno). Jamás me la pidieron».
Con una planta de doce mil metros cuadrados y capacidad para millón y medio de litros, el proyecto de la bodega argentina, el buque insignia de la empresa, se convirtió en un referente internacional por su diseño. «Nunca imaginé que la construiríamos con forma de platillo volante. Tardamos dieciséis meses en terminar de definirla. La única condición que puse fue que la última palabra ante una diferencia de criterios con los arquitectos la tendría el enólogo. El “envase” es muy importante pero no pierdo jamás de vista que el contenido, nuestro contenido, es el vino», garantiza.
Con el objetivo claro y «cuidando mil y un detalles de todo el proceso», su esfuerzo se ha visto recompensado con una colección anual de distinciones, tanto a la calidad como a la estética de las botellas. «El último nos lo concedió la revista Wine Spectator, la de mayor tirada del mundo que ha dado noventa y cinco puntos a nuestro vino top de Ribera del Duero. Sólo dos vinos españoles han superado esa marca, por un punto, en 2008 y en 2009 y sólo veinte españoles la han superado en la historia de Wine Spectator. Ojo, que estamos hablando de un vino que se puede comprar en la tienda por sesenta euros», explica.
En Argentina, España y Chile
Después de la bodega levantada en la localidad de Mendoza vendrían la de España y la de Chile. «Nuestros vinos de Ribera del Duero son más elegantes, más finos, mientras los de Chile resultan más sobrios y los argentinos vienen con el sello de la juventud y la frescura», describe. Pero, «cada vino tiene una personalidad y un envase único. La línea Urban, identificada con las ciudades, cada año lleva una leyenda sobre una fotografía diferente. Encontrar esas frases históricas que resuman la esencia del vino no ha sido fácil muchas veces. Confieso que hice una pequeña trampa con mi nombre y en una ocasión inventé una máxima que firmé José Ortega G. Fue una licencia dedicada al filósofo que no volví a repetir», confiesa. Pero tampoco es sencillo encontrar la fotografía adecuada: «Tenemos que ser cuidadosos para no herir susceptibilidades. En Brasil tuvimos que retirar una en la que salía un ángel caído porque allí lo identificaban con el diablo».
En la gama más alta argentina, la Alfa Crux y la Bcrux la etiqueta es una réplica de la cruz del sur que sólo se divisa en el hemisferio sur. Sobre ella está impreso un ñandú (pequeño avestruz), explica. «El diseño no deja a nadie indiferente. O te encanta o lo odias», garantiza pero, a tenor de los resultados, parece que el criterio primero es el que se impone. Prueba de ello es el aumento creciente de las exportaciones. «Vendemos a Francia, Australia, Taiwan, Malasia, Islandia, Estados Unidos, Suiza, Alemania, Brasil, Gran Bretaña, China... Tenemos acuerdos de distribución en más de cuarenta países ».
Orgulloso, hace cuentas y asegura: «Hemos alcanzado una producción de un millón de botellas. Nunca pensamos que íbamos a tener tanto éxito».
Curtido por sus orígenes, José Manuel Ortega afronta la crisis mundial con serenidad. «Ha puesto a todo el mundo en su sitio. Por un lado nos perjudica, pero al mismo tiempo nos beneficia ya que uno de los pilares en que se basa el grupo O. Fournier es ofrecer calidad a precios muy atractivos. Nosotros, por suerte, no hemos tenido que hacer reajustes en nuestra política de venta, nuestros precios son muy competitivos. Lo nuestro es una empresa familiar, la gente se deja la piel porque es suyo», reflexiona.
Un valor a largo plazo
En este tótum revolútum financiero que hay en el mundo y en Argentina, «donde la financiación máxima que te da un banco es a tres meses» a José Manuel Ortega Gil Fournier, que le queda mucho de su época en la banca, le fastidia «que estén salvando a las empresas inmobiliarias. No tienen futuro, no van a poder devolver los préstamos, lo único que están haciendo es retrasar el problema, pero los bancos las sostienen a nuestra costa. Es deprimente ver pequeñas y medianas empresas que, por culpa de la situación bancaria, están desapareciendo y que podían ser viables a largo plazo. Resulta increíble que en la época de bonanzas las entidades financieras nos trataran un poco como los tontos que se machacaban a trabajar para vender una caja de vino y que apostaban por el valor a largo plazo, en lugar de estar especulando con el ladrillo».
No obstante, está convencido de que «las empresas familiares, las pequeñas y medianas, son el tejido industrial de un país aunque somos los que más sufrimos la crisis».
Aun así, insiste en sacar adelante nuevos proyectos. El último, un restaurante frente a los Andes, en una de las alas de la bodega que ya forma parte del recorrido turístico de la zona por su calidad. «Nadia, mi mujer, está al frente de la cocina y cuida todos los detalles. Trabajamos de sol a sol y celebramos reuniones con cocineros internacionales. Por aquí han pasado chefs de Zalacaín, Astrid y Gastón o Sacha». El próximo paso, «si todo va bien», nos anuncia, «será la construcción de un hotel. El parón económico nos ha obligado a frenarlo pero el proyecto está terminado».
Responsabilidad social
Mejor camino lleva «nuestra inversión para comenzar una guardería infantil no sólo para nuestros empleados, sino también para personas que lo necesitan del pueblo de Eugenio Bustos (en la región argentina de de Mendoza) que es donde está localizada la bodega. Siempre hemos creído en la responsabilidad social, sobre todo, en Latinoamérica», afirma. Prueba de ello es haber llegado a donde está, «y —recuerda— todo empezó con ese billete que compré con puntos de Iberia en el puente de la Inmaculada allá por el año 99. Debería haberlo guardado, pero a saber dónde estará».

Origen información: ABC

lunes, 7 de abril de 2008

Joven bodega española compite en mercado internacional con vino de los Andes

Joven bodega española compite en mercado internacional con vino de los Andes

De la mano de los hermanos José Manuel y Natalia Ortega, el grupo O.Fournier, con presencia en España, Chile y Argentina, se ha convertido en un ejemplo del empeño de pequeñas bodegas españolas por hacerse un nombre internacional con vinos producidos en los Andes.Al filo del 2000, los hermanos Ortega abandonaron sus carreras en España para embarcarse en la aventura de producir vino en Mendoza, la región central argentina donde se concentra el 75 por ciento de la producción vitivinícola del país, quinto productor mundial.En el municipio de La Consulta, en el Valle de Uco, a unos 130 kilómetros de la ciudad de Mendoza, los Ortega levantaron un edificio vanguardista de unos 12.000 metros cuadrados, con las más modernas técnicas de producción y añejamiento del vino, en las faldas de la Cordillera de los Andes.La experiencia empezó pronto a dar sus frutos y, en 2002, decidieron probar suerte en la región española de Ribera del Duero, una de las zonas vitivinícolas más reconocidas del mundo, y al otro lado de Los Andes, en Chile, convirtiéndose en una de las pocas bodegas con presencia en los tres países.El objetivo, explica en una entrevista con Efe José Manuel Ortega, de 39 años, es 'hacer una bodega de alta calidad' y tratar de colocar sus vinos de bandera entre los cinco mejores de Argentina.La ventaja, reconoce, es que se afincaron en Argentina cuando los vinos nacionales apenas comenzaban a ser reconocidos en los mercados internacionales.Ahora, la competencia en mucho más dura, por la llegada de grandes grupos españoles a Mendoza, como Freixenet, Codorniú y más recientemente La Navarra, y la competencia de las compañías extranjeras, principalmente francesas, que han puesto sus ojos en Argentina.Para Ortega, con la experiencia española en producción de vinos 'es una decepción que todavía no haya más empresas españolas en Argentina y Chile y es vergonzoso que las bodegas francesas estén ocupando el mercado', mientras -alerta- se prepara el desembarco de grupos estadounidenses en viñedos argentinos.'El balance es bastante pobre', lamenta Ortega, convencido de que 'las pequeñas y medianas empresas españolas tienen que hacer todavía un esfuerzo de internacionalización muy grande' para ponerse a la altura de sus competidores extranjeros.Para este emprendedor, que hace ocho años abandonó su carrera en un importante banco español para dedicarse a la producción de vinos, la apuesta por Argentina y Chile es clara: ambos países ofrecen costes más baratos, mano de obra cualificada y alta tecnología.Además, explica, el negocio del vino es 'cíclico', y la presencia del grupo en España, Chile y Argentina permite diversificar el riesgo de malas cosechas y de eventuales crisis monetarias.Los resultados más importantes del grupo se han conseguido hasta ahora con la producción en Argentina donde, a juicio de José Manuel Ortega, el desarrollo del mercado ha sido tan importante en los últimos años que está ya en condiciones de competir con gigantes como España o Francia.El secreto de Mendoza, apunta José Spisso, el enólogo de O.Fournier, es la riqueza de sus tierras y la amplitud térmica de la zona, hasta 20 grados diarios, que favorecen el color y la concentración de la uva, cultivada a unos 1.200 metros de altitud en el valle de Uco.Bodegas O. Fournier produce actualmente unas 600.000 botellas en Argentina, el 95 por ciento destinadas al mercado exterior -especialmente al estadounidense- y mantiene el objetivo de alcanzar las 700.000 el próximo año en las variedades Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Syrah.Si los planes de los hermanos Ortega se cumplen, en los próximos años su bodega llegará a Douro, Portugal, una tierra famosa por su Oporto y con un importante potencial para la producción de tintos.
Orígen información: Terra