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sábado, 17 de mayo de 2008

Charlando con… Francisco Cambronero Jiménez, de Vinos Cambronero


Charlando con… Francisco Cambronero Jiménez, de Vinos Cambronero

Francisco Cambronero Jiménez es el gerente de Vinos Cambronero, una pequeña bodega (de poco más de 52 hectáreas) situada en la provincia de Albacete. En realidad, casi se puede decir que él es Vinos Cambronero: él planta, él recoge, él embotella, él comercializa y hasta se ocupa del diseño de la página web. Tomó las riendas de la bodega cuando su padre decidió dejarlo, abandonando su “buen saldo” y su carrera de ingeniero químico para dedicarse a la agricultura. Y está comenzando a obtener sus frutos: su vino ecológico Franchete Joven 2007 ha ganado la medalla de plata en el último Concurso Mundial de Bruselas celebrado en Burdeos, seguramente el certamen más prestigioso.
Interrumpe un rato su trabajo en la bodega para hablar con nosotros y se le nota en el torrente de palabras que pone empeño y cree en lo que hace o intenta hacer: un vino distinto al resto, “muy agradable, muy personal, muy diferente”.
¿Qué ha cambiado en la bodega desde que Francisco Cambronero Torres, Franchete, plantara las primeras vides a principios del siglo pasado?
La bodega no ha cambiado mucho, han cambiado los métodos. Se han mejorado las técnicas para aprovechar mejor las características de la uva. Para elaborar nuestros vinos, paramos el crecimiento para obtener uvas más pequeñas; luego regamos, para que no se caiga la hoja. Usamos fermentación en frío, aunque enseguida descubamos, casi como un rosado, lo que da a nuestros vinos más intensidad de color y mucha suavidad en boca. Además, tenemos máquinas de extracción de diseño propio, ya que las uvas tienen mucha piel que es donde se encuentra lo mejor del vino. Queremos hacer un vino diferente al resto.
En su web lo define como un vino de “alta expresión”, ¿qué opina de las críticas que a veces se hacen a ese tipo de vinos?
Hay mercado para todos, pero si no intentamos ir a eso corremos el riesgo de hacer vinos normales, y nosotros intentamos hacer vinos diferenciados. Al lado de mi bodega hay otras que producen mucho más que yo. Si hago el mismo vino, no puedo competir. Por eso intento que mis vinos tengan un valor añadido y que no sea sólo un vino ecológico porque simplemente con un vino ecológico no llegaríamos a nuestras metas de calidad.
¿Por qué vinos ecológicos?
Por convicción. Hace poco leí un libro de Nicolas Joly y me he sentido un poco como él. Cuando yo llegué a la agricultura, intenté combatir las plagas usando lo que sabía como químico, pero no servía de nada. Además, me di cuenta de que es malo para la salud del que lo bebe, para mi salud y encima costaba mucho dinero. Creo que es un error aplicar determinados conceptos de la ciencia a la agricultura, se puede usar la técnica pero no la química. Si no, el agricultor entra en un círculo vicioso. El cultivo ecológico es el cultivo tradicional, hace 50 años no existían todos esos productos químicos. Además, los vinos ecológicos respetan más el terruño lo que añade un factor de calidad.
¿Cómo es la tierra donde se asientan las vides?
Estamos equidistantes entre el río Júcar y el Cabriel. Nuestro suelo es calizo y pobre, pero presenta una ventaja: que es como una esponja y nos ayuda con la poca agua que tenemos. Y más ahora, con el cambio climático. Recuerdo que cuando era pequeño no paraba de llover en todo el mes de abril. Este año ha llovido dos veces. Estamos en zona de cambio de aires. En verano hace mucho calor durante el día pero durante la noche llega una brisa fresca del Mediterráneo por lo que la diferencia térmica entre día y noche es grande.
¿Cómo es el Franchete Joven 2007?
Es un coupage de un 30% de Tempranillo, un 25% de Bobal, otro 25% de Garnacha y un 20% de Cabernet Sauvignon, aunque es como la receta del cocinero: cada año varío la proporción. En 2006 fue 25% de cada una. Uso las variedades que me ofrecen calidad ya que aunque tengo vides de Syrah y Petit Verdot, no las utilizo. Es un vino que tieneuna alta intensidad de color, aromas afrutados, muy complejos, con una retronasal especiada aunque no lleve madera. Usamos levaduras seleccionadas por la Universidad de Castilla La Mancha que respetan la tipicidad varietal. En boca, su paso es suave, a pesar del color.
¿Qué se siente al recibir un premio como éste?
Satisfacción por el trabajo hecho y por la trayectoria, ya que es una apuesta arriesgada en la que puedes hacerlo bien o equivocarte. Ganar un premio te puede hacer pensar que no te has equivocado. Es el primer premio que gano a nivel internacional. Ya había ganado otros en España, pero nunca me había presentado fuera, aunque creo que en otros países como Estados Unidos, los países nórdicos o Suiza están más preparados para los vinos ecológicos que en España.
¿Por qué no en España?
No lo sé. Quizás estemos menos preocupados por la salud. Además, hay mala prensa. La gente cree que por ser un vino ecológico no es bueno, pero no es así. La prueba es que el concurso de Bruselas es un concurso de vinos y no han tenido en cuenta si ecológico o no. Además, creo que los frutos ecológicos tienen mejor gusto y si haces un vino con ellos tiene que salir bueno. Creo que en España vamos por detrás, aunque todo llegará. Ya está llegando en Madrid, Cataluña y en la costa, porque los turistas están acostumbrados. Ahora se van a empezar a hacer campañas de productos ecológicos…
¿Sirven las medallas para que se acerquen los exportadores?
Como me decía una vez un amigo, las medallas sirven para ganarte el respeto, nada más. Sí que es una referencia y cuando te acercas teniendo una medalla, ya te escuchan. Pero los resultados tienen que llegar con más tiempo.
¿Cómo va la creación de una denominación de Pago Ecológico?
La cuestión viene de que los requisitos de producción de la DO Manchuela son distintos, recoge los métodos tradicionales de la zona. Si tengo un vino diferenciado, eso tiene que venir reconocido. Yo tengo los requisitos para ser Pago: tengo más o menos 50 hectáreas de viñedo, todas cerca de la bodega, las uvas que llegan son todas mías y tengo un reconocimiento internacional. Sigo trabajando en ello, y esta semana me reúno con la Junta. No es a corto plazo, hay que crear un reglamento, publicarlo…

Orígen información: Vinogusto

miércoles, 12 de septiembre de 2007

El lustre de Manchuela

El lustre de Manchuela

Cuna de vinos a granel, la comarca manchega ofrece tintos de calidad con la bobal autóctona como protagonista, aunque otras uvas rinden bien en los valles entre los ríos Júcar y Cabriel

Isabel López

Manchuela es una de las siete denominaciones de origen de vinos con que cuenta Castilla-La Mancha. Con 72.000 hectáreas de viñedos, diez mil más que en Rioja, saca al mercado cada año dos millones de hectolitros de vino, lo que supone el 7% del total de la producción española y el 13,5% de la regional. Hasta 1998 prácticamente todo el vino de la zona se comercializaba a granel, pero ese año algunas bodegas comenzaron a embotellar y en estos momentos el 10% de la producción se vende ya en ese envase. En el año 2000 llegó el reconocimiento de la denominación de origen, demandada por un grupo de viticultores y bodegueros convencidos de la capacidad de la tierra y de su propio trabajo para desempolvar y dar lustre al nombre de Manchuela.Enmarcada entre los valles de los ríos Júcar y Cabriel, la comarca vinícola se erige al sudeste de la provincia de Cuenca y al nordeste de la de Albacete. Son setenta términos municipales, entre los que se encuentra el propio campo de Albacete capital, mientras que en Cuenca el epicentro es Motilla de Palancar. Los viñedos crecen en la meseta, a una altura entre 600 y 700 metros sobre el nivel del mar, aunque algunos están situados a mil metros, con un clima continental de contrastes térmicos muy acusados. La escasa humedad, la ausencia casi total de lluvias entre mayo y setiembre y la gran cantidad de horas de sol recibidas durante la maduración de la uva favorecen que el riesgo de enfermedades sea ínfimo. «Es una zona ideal para las variedades tintas porque en este clima el color y los taninos salen solos, tanto que incluso no hay que dejar que tengan demasiado tanino», afirma al referirse al potencial de Manchuela el enólogo de Bodegas y Viñedos Ponce. La familia de Juan Antonio Ponce es propietaria de quince hectáreas de viñedo y explota, arrendadas, otra veintena de cepas viejas; en todas ellas sólo crece bobal, la variedad tinta autóctona de la zona. «Es la uva de toda la vida de aquí, tiene equilibrio entre acidez y ph, y aprendí con Telmo Rodríguez que hay que trabajar las variedades de la zona, porque si llevan tanto tiempo en un lugar será por algo», argumenta Ponce, que durante cinco años trabajó en distintas comarcas vinícolas junto al considerado uno de los mejores enólogos españoles.Sin filtrar ni clarificarEl experto manchego está decidido a trabajar sólo la bobal, aunque le gusten otras variedades como la syrah. «Hemos apostado por la uva de aquí, aún sabiendo que era muy arriesgado por su fama de dar vinos muy duros y ásperos, pero estamos demostrando que cuidando las viñas y trabajando bien en la bodega la bobal produce un vino elegante», explica Ponce. Sus caldos, que ni se clarifican ni se filtran, han tenido una excelente acogida en el mercado, tanto el Clos Joven, como La Casilla y P. F. (por las iniciales de pie franco), este último la joya de la corona, elaborado con viñas viejas de más de setenta años. En 2005 la producción total de los Ponce fue de 17.000 botellas, de las que el 70% viajó fuera de España, sobre todo a Japón y a países europeos como Suiza, Francia o Alemania. Con la última vendimia esperan comercializar 28.000 botellas. «Nuestro objetivo es alcanzar las 70.000 botellas en diez años y quedarnos ahí, porque queremos controlar bien todas las viñas y todo el proceso, y no sé si podríamos hacerlo si creciéramos más», explica Juan Antonio Ponce. Otra de las bodegas pequeñas de La Manchuela es Finca Sandoval, del periodista y cronista de vinos Víctor de la Serna, conocido también por su seudónimo Fernando Point. Conocedor de la zona desde hace 35 años –su suegro tenía allí una explotación agrícola–, siempre creyó que la comarca era capaz de dar vinos de calidad, a pesar de sus graneles, modestos y baratos. «No me gustaba la viticultura que se hacía, pero estaba convencido de que en ese terruño la syrah y otras variedades podían darse bien», explica. Su confianza estribaba en la unión del clima –con esas noches frías de verano–, el suelo arcilloso con base calcárea –que determina bajos rendimientos– y los cuidados técnicos adecuados. Víctor de la Serna tiene sus propios viñedos –10,5 hectáreas– de syrah en el corazón de la Manchuela conquense, aunque los dos vinos que salen de su pequeña bodega –tiene capacidad para producir 70.000 litros– son ‘coupages’, de los que el 60% se exporta sobre todo a Estados Unidos y Suiza. Salia lleva syrah, bobal y garnacha y Finca Sandoval se elabora también con tres variedades, aunque la monastrell sustituye aquí a la garnacha. La vinificación en su bodega sigue muchas de las pautas del Ródano francés, particularmente por la fermentación en depósitos pequeños (la mayoría de 5.000 litros), abiertos y con removido manual frecuente y, al igual que en los vinos de Ponce, los del periodista se embotellan asimismo sin filtrar ni clarificar.A pesar de que la syrah reina en los viñedos de Finca Sandoval, De la Serna también experimenta con una pequeña parcela de la touriga nacional, la gran casta portuguesa, en un pequeño pago que no alcanza la hectárea. «Además de la bobal, trabajamos otras variedades tintas de la zona como la garnacha o la monastrell porque queremos que nuestros vinos reflejen lo que es esta tierra, no queremos unos vinos de corte internacional», explica Víctor de la Serna. En esa búsqueda de vinos particulares, estudia la posibilidad de elaborar caldos también con la garnacha tintorera, una uva propia de Andalucía, que crece en Manchuela.«Nos falta márketing»El trabajo de bodegas como Ponce y Finca Sandoval representa una pequeña parte de esta comarca, porque el grueso de la producción corresponde a las grandes cooperativas, tan arraigadas en las distintas zonas vitivinícolas manchegas. Vitivinos Asunción es una de ellas. Con doscientos socios que aportan 1.300 hectáreas de viñedos, el año pasado puso en el mercado cinco millones de litros, de los que embotelló el 10% con las etiquetas de Viña Altaba y Azúa: el resto se vende a granel y también en envases tetrabik de tres y cinco litros. Bobal, cencibel –como se conoce a la uva tempranillo en esa parte de España–, cabernet sauvignon, albillo y verdejo son las principales variedades que cultivan los socios de esta cooperativa con sede en la localidad de Villamalea, en Albacete. «Nuestros Viña Altaba se venden en en supermercados y los Azúa en tiendas especializadas y en restaurantes», explica Jorge García, gerente de la asociación de viticultores, que no duda en calificar de «excelente» la relación calidad-precio de los vinos de Manchuela. «Aquí elaboramos auténticos vinazos, pero mucho más baratos que los de otras zonas porque el beneficio es el justo y estamos dándonos a conocer», afirma García. Asegura que el precio de un excelente Manchuela de uva cencibel puede ser de seis euros la botella, mientras que la misma variedad, la tempranillo, puede costar 25 ó 30 euros si es de Rioja o de Ribera de Duero. Para el gerente de Vitivinos, a su comarca vinícola le falta, sobre todo, márketing. «Otras denominaciones de origen son mucho más hábiles a la hora de comercializar sus productos», reconoce.El gerente de la cooperativa destaca los premios cosechados en los últimos años por los vinos de Manchuela en certámenes nacionales e internacionales, sobre todo con sus vinos jóvenes, tanto blancos como rosados y tintos. «No somos ya esa comarca de vinos peleones, sino que vamos haciendo las cosas mejor», asegura García antes de subrayar las fuertes inversiones realizadas en los últimos años por la mayoría de las bodegas para modernizar sus instalaciones y ponerlas a la altura de las mejores de España. «Ahora estamos preparados, tenemos que ir olvidándonos poco a poco del granel y confiar más en nuestras posibilidades, en la bobal, porque en este país estamos ya saturados de tempranillo y de otras variedades, y lo que debemos hacer es explotar lo autóctono, lo que no tienen los demás», concluye Jorge García.

Orígen información: El Comercio Digital