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miércoles, 10 de febrero de 2016

Tevasa fabrica en Jerez las botas de roble donde se curte el güisqui escocés

Tevasa fabrica en Jerez las botas de roble donde se curte el güisqui escocés

La tonelera tiene dos aserraderos en el norte de España y exporta el 90% de su producción
  • Narciso Fernández rodeado de botas, durante el tratamiento con fuego que se utiliza para darles forma.
    Narciso Fernández rodeado de botas, durante el tratamiento con fuego que se utiliza para darles forma. / SUR

     e. freire



En una copa de The Macallan o de Cutty Sark hay sutiles matices que aporta la empresa Terrenos y Vasijas (Tevasa). La destilería Edrigthon, que elabora algunos de los mejores whiskies escoceses —una muestra son las dos marcas citadas—es el principal cliente de esta tonelería jerezana dedicada a fabricar botas de roble para el mercado bodeguero mediante un proceso casi artesanal anclado en la tradición.

Narciso Fernández Iturrospe, gallego de Lugo, preside el negocio familiar, que se apoya en dos patas complementarias: una pata en Jerez de la Frontera y otra en el Norte de España. En Galicia y Cantabria Forestal Peninsular explota dos aserraderos donde la madera de roble se transforma en duelas, las tablas que forman las paredes curvas de las barricas y toneles. Y en la cuna gaditana del vino generoso, Tevasa fabrica las botas de estilo jerezano, que vende principalmente a destilerías de Escocia y Japón, aunque entre sus clientes también se encuentran algunas bodegas españolas. La nipona Santori, Bodegas Franco-Españolas o Viña Tondonia están en su catálogo.

La tonelería tiene capacidad para producir entre 22.000 y 25.000 botas de roble al año. El 90% va a la exportación. La compañía facturó 14 millones de euros en 2014 y prevé crecer un 20% este año, según adelanta Narciso Fernández. Por su parte, la filial maderera, Forestal Peninsular, mueve un negocio de 6 millones de euros. La compañía emplea a 80 personas en Jerez y 60 en sus aserraderos norteños. «No hemos notado tanto la crisis. El güisqui bueno no ha tenido años malos», señala el empresario.

«La mejor bota para el güisqui, por tradición, es la de roble español envejecido con oloroso de Jerez», explica Fernández Iturrospe. «La historia de la bota está muy ligada a la de la rueda. Se hicieron así por su facilidad de movimiento. Una bota es un producto ergonómicamente perfecto», afirma el empresario. Cada una de estas barricas lleva entre 32 y 36 duelas, que se ensamblan sin juntas, solo con la ayuda de un fleje metálico que las comprime. «La forma se la da el agua y el fuego, la llama que calienta lenta e intensamente la madera húmeda», explica.

Un tostado interior medio «para despertar aromas a frutos secos y chocolate, no a carbón»; y el envejecimiento en bodega durante dos años con vino generoso aportan esos matices al buen escocés.

Orígen información: Diario Sur

viernes, 5 de febrero de 2016

El whisky que nació del ‘sherry’

El whisky que nació del ‘sherry’

The Macallan es el más caro del mundo. Un millonario taiwanés pagó más de medio millón de euros por una botella de seis litros

El whisky que nació del 'sherry' from Álvaro Corcuera on Vimeo.




Hubo un momento en la subasta que se llegó a una situación perfecta. Quedaron dos personas pujando, un hombre de Taiwán, el señor Liao, y otro de China. Ambos estaban presentes en la sala de Sotheby’s, por lo que se veían las caras y ninguno quería perder. En un momento dado el pulso paró, para luego acelerarse rápidamente y llegar a 628.205 dólares (559.000 euros al cambio actual) por una botella de seis litros de cristal Lalique que contenía un whisky The Macallan elaborado con barricas de 1940 a 1990. David Cox, director de whiskys en el grupo Edring­ton, al que pertenece la marca escocesa, estaba en aquella sala y cree que la histórica rivalidad chino-taiwanesa ayudó a llegar a semejante cifra en enero de 2014 en Hong Kong, un récord Guinness que batía uno anterior también logrado por el dúo The Macallan-Lalique: 460.000 dólares en una subasta en Nueva York en 2012, pagados por un anónimo estadounidense. El taiwanés señor Liao se llevó el honor de elevar el listón hasta la cifra más alta jamás aportada por un whisky. “En Escocia creen que es un malgasto, pero en Asia las percepciones son otras”, señala Cox.
“Invitamos al señor Liao y a su hijo a Escocia. Se alojó en esta casa y se sentó a cenar en esta misma mesa. Una gente encantadora”, añade Morag Ralph, manager de visitas de The Macallan, justo cuando dos sirvientas ofrecen un exquisito salmón, pescado en el río Speyside, el mismo del que el fabricante de whisky extrae el agua más pura para la producción de su espirituoso, y que además da nombre a la región escocesa más importante en producción de whisky (son cinco en el país). Estamos en el comedor de la Easter Elchies, una elegante villa construida en 1700 y símbolo de la marca, fundada un siglo más tarde, en 1824. Ubicada en una finca de 158 hectáreas, donde unas 35 se dedican al cultivo de la cebada –insuficientes para el ritmo actual de destilación de malta de The Macallan, que compra cereal fuera de sus límites–, es la joya simbólica para la compañía. Tras la cena, obligatorio beber un whisky, a elegir entre los de la gama 1824, que en lugar de por años de maduración, como históricamente se han vendido los scotch, se comercializa bajo tonalidades: gold, amber, sienna y ruby (oro, ámbar, siena y rubí).

Elaboración de las botas en Jerez, un proceso artesanal que necesita de agua y fuego para retorcer las duelas de madera. / Carlos Spottorno
Unos colores que en The Macallan insisten en que son naturales, sin colorantes de caramelo añadidos, una técnica habitual y legal en la industria escocesa, pero que para esta marca específica no cumple con su tradición ni sus valores. Para ellos, lo fundamental es la barrica, que procede por motivos históricos, en su grandísima mayoría, de España. “La mayor influencia en el sabor, el aroma y el color de The Macallan viene de la madera. Compramos unas botas maravillosas que han contenido sherry, vino de Jerez. Estas suponen el 90% de las 230.000 que tenemos, tanto de roble español como americano”, señala Cox.
No conozco muchas empresas como The Macallan, que tengan que planificar a 20 años vista
“Mis padres fundaron los aserraderos en los cincuenta en Galicia. Desde allí vendían la madera a multitud de tonelerías, que a su vez proporcionaban barricas a las compañías más grandes de Jerez, como Domecq, González Byass, Osborne…”, recuerda Narciso Fernández Iturrospe, dueño de la tonelería Tevasa (Terrenos y Vasijas, SA) desde los ochenta. “Decidimos comprar esta empresa para poder realizar el proceso completo: desde la tala de los robles en los bosques del norte de España hasta la fabricación de las botas en Andalucía”, añade el que es principal suministrador de barricas para The Macallan. Las fabrican a las afueras de Jerez, de manera manual. A la intemperie, miles y miles de duelas (tablas de madera) aguardan. “Aquí habrá madera como para ensamblar unas 30.000 botas”, calcula a ojo Narciso, que tiene en sus manos el presente y futuro de una de las marcas de whisky premium del mundo.
Este, antes de introducirse en una barrica, es un líquido transparente como el agua. Es el spirit o espirituoso. Y así se bebía antiguamente. Tras el destilado de la malta, el licor no se maduraba. Pero un hecho histórico cambió el rumbo a mediados del siglo XIX. “El sherry llegaba a Inglaterra en botas de transporte desde Jerez. En aquella época eran las grandes compañías inglesas las que manejaban las exportaciones, no solo en el sur de Andalucía, sino también en Oporto y en Madeira. Eran enormes negociantes. Poco a poco, los puertos ingleses comenzaron a llenarse de botas vacías, ya que transportarlas de vuelta a España era muy caro. Fue entonces cuando los escoceses empezaron a aprovecharlas”, explica Narciso. A utilizarlas y a darse cuenta de que esos recipientes, que previamente habían contenido jerez, proporcionaban a su spirit un sabor, un color y un aroma inigualables si se dejaba el tiempo suficiente en su interior. Había nacido el whisky tal y como lo conocemos. Habla David Cox: “La idea de maduración llegó sobre 1850. Hasta entonces, el whisky inglés y el escocés no tenían mercado fuera, porque era una bebida demasiado fuerte”.

Bosque en Lugo, donde crecen algunos de los robles que luego se convertirán en las botas que albergarán el vino de Jerez primero y el whisky The Macallan después. / Carlos Spottorno
The Macallan se especializó en el whisky madurado en botas de jerez. Algo que continúa haciendo hoy en día, una línea muy distinta de la mayoría de la industria en Escocia. Hoy por hoy, un 95% de las destilerías apuesta por barricas de bourbon americano: “La razón es sencilla, hay muchísimas más y son más baratas: según la ley estadounidense, los fabricantes de whisky solo pueden utilizar los barriles una sola vez, por lo que tienen un suministro constante de barricas usadas”. El precio es además competitivo. Frente a un tonel de jerez, que asciende a unos 800 euros, uno de bourbon cuesta 125. “Entre otras cosas es más caro porque un roble americano crece más rápido y más derecho que uno español. Por tanto, se pueden obtener más piezas de madera del primero que del segundo, que suele crecer más lento y retorcido, es menos alto, y la madera es más porosa…”, razona Stuart McPherson, maestro de la madera de The Macallan y jefe de operaciones en España.
El mayor reto es crear whiskys que mantengan el color y el sabor, que sean consistentes
La relación entre Narciso y The Macallan se gestó en los ochenta. Por un lado, España entraba en la Unión Europea, momento en el que el jerez comenzó, poco a poco, a dejar de venderse a granel para hacerlo en cristal, como garantía de su calidad y para evitar fraudes en el embotellado. Esto tuvo un impacto sobre el negocio del whisky: al disminuir drásticamente el número de botas que llegaban a Inglaterra con sherry, los empresarios escoceses comenzaron a necesitar los recipientes vacíos enviados directamente desde España. Marcas como The Macallan pensaron que podían comprar las botas nuevas, cederlas a bodegas de Jerez y recuperarlas 18 meses después vacías, pero ya con la madera impregnada del carácter del sherry. “Fui a Escocia en 1988 por primera vez. Me veían como a un tío raro, un tipo de Galicia que hablaba muy poco inglés. Pero nos fuimos acostumbrando. Ellos tenían una necesidad y nosotros se la solucionamos”, señala Narciso, que vende un 85% de sus toneles a The Edrington Group, la compañía dueña de The Macallan, pero también de The Famous Grouse, Cutty Shark o Highland Park. Un conglomerado de marcas que ingresó el año pasado cerca de 900 millones de euros.
“La madera que quiere Edrington es en su mayoría de la especie Quercus robur. Esta procede mayoritariamente en nuestro caso de la cornisa cantábrica y en menor grado del sur de Francia. Aparte, también utilizamos un poco de roble americano, el Quercus alba, que traemos de Estados Unidos”, relata Narciso, que defiende la sostenibilidad de su negocio. “Los volúmenes que talamos son muy pequeñitos. Si en la cornisa cantábrica existe una franja de 1.200 kilómetros de largo por unos 200 kilómetros de ancho, donde están catalogados por el Ministerio de Medio Ambiente 16 millones de árboles, nosotros cortamos anualmente menos de 15.000 robles. Por supuesto uno no puede talar lo que quiere: hay permisos y normativas muy estrictas que te dicen lo que está y no está permitido, de manera que siempre se busca que el crecimiento sea muy superior a los volúmenes de corte. Nosotros tenemos el certificado de sostenibilidad que corrobora que no ponemos en peligro la cadena de vida del bosque”, dice señalando uno de los toneles fabricados por su empresa, que tiene un sello de color verde que lo avala, además de los logos de Tevasa y de Edrington.

Vista desde la finca de The Macallan. / Carlos Spottorno
“El primer corte se hace en el bosque”, continúa Narciso. Allí se realizan las primeras selecciones y comienza un secado lento y natural que se prolongará unos dos años. “Cuando cortas un árbol en Galicia o Cantabria, este tiene una humedad del 100%. El tronco lo dejas uno o dos meses en el bosque, reduciéndose la humedad hasta el 75%. Después, al convertirlo en duelas en el aserradero, rápidamente baja al 50%: a partir de ahí hay que almacenar las piezas al aire, dejando pequeños espacios entre las duelas para que respiren, reduciéndose la humedad de manera natural al 35% entre tres y seis meses. Después hay que transportarlo al sur de España, a Jerez, donde reposará durante 18 meses más, haga sol o llueva. Así lograremos que la madera se estabilice en un 12% de humedad, momento en el cual se considera que ya está lista para fabricar barricas”. En esas condiciones estará ya preparada para que pueda doblarse aplicándole calor y agua pero sin llegar a partirse. “La lluvia es excepcional para la madera”, añade Stuart McPherson, “porque lava los taninos, y después el viento la va secando de forma natural”.
La fabricación de una bota es un arte centenario. “El segundo oficio más antiguo del mundo”, bromea Stuart, que demostrará con habilidad cómo se mueve un barril de 500 litros con una sola mano, “un producto ergonómicamente perfecto, ligado a la historia de la rueda”, dirá después Narciso. En Tevasa, la cadena de montaje es manual, tradicional. Cada bota requiere de 32 a 36 duelas. Estas tablas de madera habrán sido cortadas con el sistema quartier, que consiste en extraer tiras de la corteza al centro, es decir, seccionando radios de la circunferencia. Un corte que va a la contra de la porosidad de la madera, por lo que el líquido nunca traspasará el recipiente. Es un tajo efectivo pero caro, pues aprovecha solo un 33% del material (el resto irá para leña y a veces para fabricar parqués). Por eso y por el tiempo tan largo de secado natural, un metro cúbico de roble para duela asciende a 1.800 euros, frente a uno de pino, que se vende por 200. Para ensamblar las piezas, los trabajadores se ayudan de unos aros metálicos que comprimen y forman la bota. Pero como las planchas de madera son planas y hay que darles forma, se combina agua y fuego, humedad y temperatura, para doblarlas y cerrar la barrica. Además, es importante el tostado interior: se quema en el punto justo que aportará aromas a frutos secos y chocolate al vino generoso… y más adelante al whisky.

Los alambiques de The Macallan, de 3.900 litros de capacidad, son los más pequeños de Speyside. / Carlos Spottorno
En las bodegas de Jerez están las botas de The Edrington Group. Contienen sherry en sus variantes –manzanilla, fino, amontillado, oloroso y palo cortado–, que proporcionará a las barricas el carácter que busca la marca escocesa. A 3.000 kilómetros, en la finca de The Macallan, junto al pueblo de Craigellachie, en el norte de Escocia, un tractor descarga los mismos toneles llegados de España. Aunque estos han sido revisados y reparados en Tevasa, en Jerez, antes de ser enviados por barco hasta Reino Unido, los trabajadores comprueban su estado. Mientras varios operarios los chequean, enfrente del almacén la destilería trabaja sin descanso: 200.000 litros de spirit a la semana cocinados a fuego lento.
Es, además de la madera, el otro ingrediente clave para un whisky de alta calidad como este. The Macallan presume en este sentido de dos elementos: la utilización de los alambiques más pequeños de Speyside y la selección o “corte” de solo el 16% de la destilación final. Con 14 alambiques de cobre con una capacidad de 3.900 litros cada uno, su tamaño proporciona un mayor contacto del espirituoso con el recipiente, ayudando a concentrar más los sabores afrutados de la bebida.

Detalle del laboratorio de The Macallan, en Escocia. / Carlos Spottorno
La magia para convertir ese líquido en el mejor whisky será obra de la madera… y de Bob Dalgarno, el Master Whisky Maker o maestro del whisky, el alquimista de The Macallan y responsable de la mezcla ganadora del Guinness en Hong Kong. Rodeado en su laboratorio de cientos y cientos de botellas etiquetadas con códigos de barras, él es el mayor experto en la empresa, un mago, aunque él se ruborice al oír el calificativo que le dedican sus compañeros. Con un acento escocés endiablado, Dalgarno se quita importancia: “Mi trabajo es muy interesante y lo disfruto muchísimo, pero no soy ningún mago. El mayor reto al que nos enfrentamos mi equipo y yo es crear whiskys que mantengan el color y el sabor, a conseguir una consistencia. Porque cada barrica es diferente”. Lograr que una botella gold, amber, sienna o ruby sea idéntica a otra requiere de una enorme habilidad y experiencia a la hora de realizar las mezclas adecuadas entre barricas.
“El roble español nos proporciona sabores anaranjados, cítricos, con sabor a miel, con aromas que se concentran en la boca. Es más dulce y en ocasiones más picante”, señala David Cox. Según explica, para conseguir diferentes combinaciones se necesitan mezclas de whiskys madurados en maderas de distinta procedencia. “El color del amber, por ejemplo, es más claro. Se consigue con mezclas de barricas de roble español y americano, que casi siempre han sido rellenadas dos veces. La bebida resultante es de unos 40 grados. Sin embargo, para el sienna, de un 43% de alcohol, se utilizan whiskys más maduros, de 14 a 16 años, que en un 90% de los barriles solo se han rellenado una vez, tanto de roble español como de americano. Por último, el ruby, el más oscuro, también de 43 grados como el sienna, está sin embargo madurado exclusivamente en roble español”.
Dalgarno abre varias botellas de su laboratorio para degustarlas. Una de ellas, indica, contiene el whisky del récord. Enseguida surge la broma, los dos sorbos que da a probar deben costar… unos 10.000 euros. “Guardamos cientos y cientos de muestras durante años. Para mí lo importante es conocer la materia prima. Pero creo que lo más difícil para The Macallan, para el equipo de marketing, es predecir las necesidades que tendremos en el futuro”, señala Dalgarno. “Hablamos de un producto que puede tener alrededor de 20 años, desde que se tala el árbol hasta que se fabrica la bota, que después contiene el vino de Jerez, y finalmente madura el whisky. No conozco muchas empresas que tengan que prever y planificar lo que va a suceder dentro de dos décadas”, razona Stuart, el experto en madera.

Bob Dalgarno, Master Whisky Maker de The Macallan, es el alquimista que prueba y mezcla todos los whiskys. / Carlos Spottorno
“El reto es suministrar a los mercados emergentes que crecen a toda velocidad”, añade Stuart. “Si miras a esta empresa hace 10 años, éramos un negocio pequeño, pero afortunadamente hemos crecido mucho”, apunta Dalgarno. Un 40% en cinco años, según la compañía, que está presente en 70 países. “The Macallan estaba estancado en Europa, pero se abrió a nuevos mercados como Rusia, México, Brasil, EE UU, Corea del Sur… Por ejemplo, hoy Taiwán es el segundo que más compra. Todos estos países incipientes suponen un 70% del negocio para The Macallan”, detalla Narciso, que mantiene una sólida y dulce relación de futuro con la marca escocesa.
Con futuro asiático sobre todo. No es casual ni que el whisky más caro del mundo lo pagase un taiwanés en liza con un chino ni que The Macallan se haya inventado de un tiempo a esta parte los whiskys por colores en lugar de por años. Es una estrategia para aumentar las ventas en un momento propicio como el actual, mezclando whiskys en stock de distintas edades. Un crecimiento que se nota en la fisonomía de la finca: una decena de naves industriales recién construidas ya almacenan miles y miles de barricas de Narciso (la marca espera llegar a 27 recintos, con 25.000 botas en cada uno). Y también en el movimiento de tierras para una nueva destilería que multiplicará la producción de spirit: de los 10 millones de litros anuales a unos 15 millones en adelante. Las nuevas instalaciones dan medida del poderío económico y del porvenir que se prevé: 100 millones de libras (135 millones de euros) para una destilería de diseño, proyectada por el estudio Rogers Stirk Harbour, el mismo al que pertenece el premio Pritzker de arquitectura Richard Rogers, que ideó la terminal 4 del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Un negocio en expansión que combina la sabiduría escocesa con el ADN de los bosques del norte y de la viña del sur de España.

Orígen información: El País

Tras el éxito de su predecesor ‘Yamazaki Sherry Cask 2013’, la prestigiosa destilería nipona lanza al mercado su nueva edición de single malt envejecido en barricas de Jerez

Japón en forma de whisky

Tras el éxito de su predecesor ‘Yamazaki Sherry Cask 2013’, la prestigiosa destilería nipona lanza al mercado su nueva edición de single malt envejecido en barricas de Jerez



Suntory Whisky, compañía pionera en la elaboración de whisky japonés, ha presentado en Londres su nueva edición de whisky de malta envejecido en barricas de Jerez, ‘Yamazaki Sherry Cask 2016’.

El sucesor de ‘Yamazaki Sherry Cask 2013’, el que fuera galardonado como ‘Mejor Whisky del Mundo’ en la edición de 2015 de la Jim Murray’s Whisky Bible, estará disponible a partir del 1 de febrero de 2016 con una producción única de 5.000 botellas en todo el mundo.

A pesar de lo sorprendente del nombramiento de Yamazaki Sherry Cask 2013 como “Mejor Whisky del Mundo”, el whisky envejecido en barrica de Jerez ha sido siempre una constante en la gama de Suntory desde 1924, un año después de que comenzara la construcción de la destilería.

Shinjiro Torii, el fundador del whisky japonés, empezó a elaborar sus whiskies aprovechando las barricas de vino de Jerez que importaba para mezclar su famoso vino dulce Akadama. Por tanto, la barrica de Jerez fue el primer tipo de barrica utilizado por Suntory Whisky y juega un papel fundamental en el origen del whisky japonés.

Orígen información: Vinetur

martes, 1 de diciembre de 2015

Beam Suntory vende sus negocios de brandy y jerez españoles a Emperador, grupo filipino mayor grupo de brandy del mundo

 Beam Suntory vende sus negocios de brandy y jerez españoles a Emperador, grupo filipino mayor grupo de brandy del mundo

http://www.mb.com.ph/wp-content/uploads/2015/12/emperador-fundador.jpg
Andrew L. Tan,  propietario de Alliance Global Group de Filipinas y del grupo Emperador, división de licores del conglomerado

Madrid, 30 nov (EFECOM).- Beam Suntory ha alcanzado un acuerdo definitivo para vender al mayor grupo de brandy del mundo, el filipino Emperador, sus negocios españoles de brandy y jerez, ubicados en Jerez y Tomelloso, por 275 millones de euros, según un comunicado de la compañía.

El acuerdo incluye las marcas Fundador, Harveys, Terry y Tres Cepas, así como las plantas de producción de Jerez y Tomelloso.

El grupo filipino suma así más propiedades en España, después de que la semana pasada acordara con el Grupo Villar Mir adquirir Torre Espacio, una de las cuatro torres del Norte del Paseo de la Castellana por un importe de 558 millones de euros.

El director de estrategia y desarrollo corporativo de Beam Suntory, Steve Fechheimer, ha asegurado que "una revisión de nuestro portfolio de marcas y cadena de suministro nos ha llevado a considerar que nuestros negocios de brandy y jerez en España pueden ser de más de valor para otra compañía".

El grupo Emperador, división de licores del conglomerado de consumo Alliance Global Group de Filipinas, propiedad de Andrew L. Tan, ha sumado a su catálogo marcas como Fundador (la principal marca de brandy importado en Filipinas) Terry Centenario (el brandy más vendido en España) y Harveys (el jerez más vendido en Reino Unido).

Beam Suntory ha sido asesorada en esta operación por Rabobank -asesor financiero único-, Uría Menéndez -asesor legal- y Deloitte -asesor contable-.

Emperador ha sido asesorado en la compra por Nomura -asesor financiero-, Allen & Overy -asesor legal- y KPMG -asesor contable-.

El grupo filipino compró el año pasado Whyte and Mackay Limited, la quinta compañía de whisky escocés.EFECOM

miércoles, 14 de agosto de 2013

Herbes Túnel - Famoso licor de hierbas mallorquinas

Antonia Garau Arbos
 
"Sólo el viento las puede acariciar" -
Famoso licor de hierbas mallorquinas

Cómo se cultivan las hierbas para el famoso licor mallorquín
Antonia Garau Arbos es el ama de las hierbas. Con ojos de lince vigila cada día los bancales donde crecen las plantas aromáticas. Dos veces al año, en septiembre y a finales de mayo, se cosechan para elaborar con ellas el famoso licor mallorquín, las "hierbas". "Entonces están justo en su punto" dice Garau Arbos, la presidenta de la asociación de fabricantes de licores mallorquines y copropietaria de la empresa Túnel de Marratxí, una compañía fundada el año 1898 en Bunyola. 
La elaboración de licores tiene una larga tradición en la isla. Ya en la edad media, detrás de los gruesos muros de sus monasterios, los monjes desarrollaban esencias curativas con hierbas silvestres y alcohol - naturalmente solo para fines médicos. Y ya a finales del siglo XIX, las "hierbas" se exportaban a otras países, entre ellos a Sudamérica.
Actualmente, ocho fabricantes de la isla se reparten el mercado. Tienen sus sedes en Santa Maria y Santa Ponça, en Llucmajor y en Palma, en Artà y en Marratxí. Casi 1,2 millones de litros de "hierbas" se produjeron en Mallorca el año pasado según datos del Ministerio de Agricultura del país.
Pero la empresa de doña Antonia es "la única que mantiene plantaciones propias" según afirma ella misma. Uno de los campos se encuentra en una finca propia de la empresa en Binissalem. Allí hay plantaciones de camomila llenas de flores amarillas, de romero, verbena, hierbabuena, toronjil, orégano, tomillo y mejorana. Incluso se encuentran allí naranjos y limoneros cuyas hojas también se utilizan. En una segunda plantación se cultiva el hinojo que se mantiene aislado porque es extremadamente dominante y desplaza las otras plantas. Y naturalmente no pueden faltar el anís, el enebro y el mirto.
Tras la cosecha, las hierbas se secan al aire durante dos semanas. Sólo el viento puede "acariciar suavemente" las plantas, pero únicamente a la sombra, el sol les quitaría demasiado color y aroma. El empleo de abonos y pesticidas también es tabú. "Agua y mucho cuidado es todo lo que se les da" dice la dueña de la empresa. 

flowerAl menos siete extractos distintos se utilizan para el licor Túnel. Aunque dependiendo de la cosecha puede contener hasta 30 hierbas. En su conjunto, deben proporcionar un sabor redondo, ninguna hierba debe notarse más que otra. "Éste es el secreto" nos revela Antonia Garau Arbos. Y para lograrlo, las recetas se comprueban y se perfeccionan continuamente en los laboratorios propios de la empresa. Dos biólogos y dos químicos se dedican sólo a esta tarea. Al fin y al cabo, cada cosecha es distinta.  

Orígen información: First Mallorca

viernes, 8 de febrero de 2013

Nordés, el primer vodka gallego de patata

Nordés, el primer vodka gallego de patata

Esther Clemente

 07 Feb 2013
Vodka
No es nada nuevo deciros que en Galicia se produce una excelente calidad de patata y que los gallegos, entre los que me incluyo, la tenemos considerada como un icono en nuestra cultura gastronómica. Es por eso que si en algún sitio de nuestro país se tenía que hacer un primer vodka de patata, ese sitio tenía que ser Galicia sin ninguna duda. Eso mismo debieron de pensar los responsables de Nordés, que desde hace más de dos años están volcados en la elaboración de bebidas espirituosas premium de carácter local y con productos autóctonos.
El proyecto comenzó tras la reunión de unos amigos, el sumiller Xoan Torres Cannas y el bodeguero Juan Luis Méndez, que después serían socios en esta andadura creando hace dos años la primera ginebra gallega a la que denominaron Nordés, un viento que sopla en Galicia y que augura buen tiempo.
Conscientes de que después de la fiebre del gin tonic, el vodka es la bebida con más potencial y aceptación por parte del consumidor, decidieron lanzarse a la fabricación del primer vodka gallego que es elaborado en la planta de Aguardientes de Galicia, en la localidad coruñesa de Vedra.
El vodka como bien sabéis suele ser un destilado a partir de granos de cereales o vegetales ricos en almidón como el trigo, el centeno o la patata. En Polonia comenzó a elaborarse vodka de patata pero pronto fue sustituida por cereales debido al alto coste del tubérculo. Así que Nordés Vodka no es un experimento, pero eso sí, está elaborado con una de las mejores patatas del mundo, la patata gallega de Xinzo de Limia en Orense y esa es la diferenciación que estos empresarios le quieren dar, decantándose por ella antes que por otros cereales.
Patatas gallegas
Doce variedades de patata gallega fueron las probadas para la elaboración de esta bebida, finalmente solo dos de ellas pasaron la prueba para quedarse, la variedad agria y la Kennebec, ambas con gran cantidad de almidón necesario para lograr una bebida de calidad. Y aunque en el caso de otros vodkas se intenta buscar la neutralidad en el sabor de su cereal base, en este vodka gallego sus creadores han arriesgado y no han intentado enmascarar el retrogusto a patata, considerando que es lo que le aporta personalidad a esta peculiar bebida.
Para elaborar una botella de vodka de 70 centilitros de estas características, se necesitan entre diez y quince kilos de patata gallega. Para ello la patata se lava, se pela y se cuece, añadiéndose enzimas responsables de romper las cadenas de almidón así como levaduras necesarias para que se produzca la fermentación. Después se llevan a cabo tres destilaciones en alambiques de cobre y aunque lo habitual en el vodka es realizar seis, en el caso de Nordés creen que así se consigue mantener ese punto de sabor que recuerde a la materia prima que le dio origen.
Han comenzado con una producción de 10000 botellas a un precio de unos treinta euros cada una, y aunque en un principio su mayor distribución ha sido local, ya se encuentra en tiendas y hostelería de muchos puntos de España. Según sus productores este vodka es ideal para tomar solo, en vodka-tonic, pero también para macerar pescados, sopas y postres y por qué no, para preparar el clásico “destornillador” tan de moda hace unos años.

Orígen información: Directo al Paladar